Satanás, liberticida absoluto

Publicadas por Byron Israel Quiroa Pinto

Fue aquel ser perverso allá en los cielos el que destruyó el vínculo perfecto del creador con los seres creados, robando a la tercera parte de los ángeles su acercamiento al único libre, el cual es el mismo Dios. Ese principio Satánico es realmente un espíritu y que permanece ya que fue transferido a la humanidad total, siendo hoy el hombre el ser creado «como libre» a la imagen y semejanza del mismo Dios, con la capacidad o facultad individual de hacer, dejar de hacer o no hacer, el blanco perfecto para formar en él un verdadero esclavo. Fue aquel Adán el prototipo de libertad, el cual perdió ante la incapacidad de un poder tan grande sobre él que lo atrajo hacia el mismo: «…el que es vencido por alguno es hecho esclavo del que lo venció» (2P.2:19). Desde Adán hasta hoy, todo hombre sin Dios es un absoluto y verdadero esclavo. Veamos de quién somos esclavos y que además hay diversas formas de esclavitud; pero todas convergen a verdaderas prisiones, las cuales pueden ser ideológicas, filosóficas, científicas, materialistas, religiosas, espiritualistas, introspectivas, analíticas; pero por mucha apariencia que una o varias tengan, siempre serán prisiones, y «aunque las jaulas sean de oro y diamantes, jaulas serán». Los hombres desde nuestras envidiables y lujosas jaulas de oro decimos ser libres, y lo aseguramos y lo predicamos. Es así como el «intelectual hombre superior» piensa, razona y luego existe; pero él mismo formula sus «propias» doctrinas, absortos en hondas cavilaciones o leyendo tenazmente libros y más libros, para buscar en ellos su libertad intelectual y poder crecer; pero después de leer tantos libros tendrá como doctrina la idea de todos los hombres que leyó, influenciado con sus locas ideas que mañana tendrá que negar. Los hombres «le quitan la libertad a los hombres cuando les roban sus pensamientos» y los convencen, por la fuerza bruta, por necesidad o sutilmente fascinan su vanidad intelectual. Al disertar cada intelectual o docto, tendrá que apoyarse en la teoría del maestro tal, en la frase célebre del profesor o doctor tal, o como dijo hace tantos siglos el sabio y conocedor tal. Ni aquellos ni estos son libres, porque no hay ni un solo hombre «original»; todos somos copias e imitaciones y todos dependemos de Adán: «…el mundo entero está bajo el maligno» (1Jn.5:19), aún la misma religión. Llama la atención cómo Dios en Cristo resistió categóricamente a este grupo constituido por sacerdotes, fariseos, saduceos, conocedores y sabios religiosos de la época y los confrontó al decirles cosas como estas: «…¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán ambos en el hoyo?» (Lc.6:39). No acusó Jesús al esclavo sino al liberticida. No hay ningún hombre sobre esta Tierra que ofreciendo «él» libertad no sea falso; la libertad no está en un grupo religioso, ni iglesia, ni en un pastor, sacerdote, o predicador. La libertad es un don divino, por eso Jesús insistió en combatir a semejantes liberticidas, sepulcros blanqueados «…porque cargáis a los hombres con cargas que no pueden llevar, pero vosotros ni aún con un dedo las tocáis» (Lc.11:46), aves rapaces; aquellos que conquistan y se meten a las casas de las viudas. Qué satisfactorio es para un religioso llenar sus salones, sinagogas o templos y hacer repetir a los que están dentro: –¡soy libre!, –¡soy libre!, –¡soy libre! Esto no es espíritu, esto es sicología de grupo, es ciencia y tácticas de esclavitud; otros ofrecen libertad, diciendo a la gente que pueden hacer de su vida lo que quieran, que son libres... Al final todos aquellos son verdaderos esclavos de un sistema, modas, influencias publicitarias, drogas, vicios, pasiones y aquel será también esclavo de todo esto.La verdadera libertad está en esto y es en la real sujeción por amor a las leyes y principios de Dios y ser parte integral de él y de su esencia, consiguiendo con esto nuevamente «ser como Dios». Definamos, pues: «la verdadera libertad es realmente hacer todo lo que yo quiera; pero que todo lo que yo quiera y haga esté perfectamente coordinado y ligado a todas las leyes y principios establecidos por Dios en su Palabra y por su Espíritu». Esto es únicamente por amor y por la reconciliación por medio de Jesucristo y su preciosa sangre; no es siquiera obligación de conciencia sino el establecimiento del enlace y vínculo perfecto con el cual es libre de verdad, quien no tiene que dar cuenta de nada a nadie, quien creó todo lo establecido que es el todo en todos y para todos, el único soberano y sabio Dios; pero que me buscó también para hacerme libre a través de la verdad del conocimiento de su esencia que es el amor manifiesto en un perfecto espíritu de sujeción. De mí hacia él.Si usted o yo todavía no logramos encajar espontáneamente con los pensamientos, leyes, conceptos y obras de Dios, somos aún esclavos. Sigamos adelante buscando en el amor, en pro de la verdadera libertad. Amén.
Emitida en Guatemala el 11 de julio de 2010

La reciprocidad de Dios

Publicadas por Byron Israel Quiroa Pinto

En el devenir del tiempo de nuestra corta existencia sobre este mundo, nuestro análisis de las circunstancias que nos rodean, principalmente las negativas o adversas, nos llevan a grandes conflictos y frustraciones, ya que consideramos que no merecemos cosas semejantes, y que en medio de todo hay una «injusticia». ¿Por qué alguien tiene salud, recursos, belleza física, amigos, familia, puestos, dones, oportunidades, un lugar, verdaderas riquezas, poder, etc.? Y yo, aquí, con escaseces, enfermo, pobre, sin un lugar, sin amigos, sin dones y «hasta feo», nos parece entonces justificable nuestra postura negativa ante semejante contrariedad. Entonces, antes de todo, tendré que demostrar mi descontento hacia el que tengo al lado, quien supuestamente tiene lo que yo podría tener, a lo cual dice el apóstol Santiago: «¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros? ¿No es de vuestras pasiones (cosas vanas y materiales), las cuales combaten en vuestros miembros? Codiciáis, y no tenéis; matáis y ardéis de envidia, y no podéis alcanzar; combatís y lucháis, pero no tenéis lo que deseáis, porque no pedís. Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites» (Stg.4:1-3). Luego de esta nueva frustración ante tan infructuosa lucha, la vida (Dios) sigue pareciendo injusta ante nosotros. Vamos en busca de un nuevo culpable, y uno más, y otro; pero en el fondo de nuestra alma existe el más grande presentimiento de que es «Dios» el único culpable. Habrá quienes lo manifiesten hasta con blasfemias y otros traducido en grandes rebeldías e inconformidades, ya que no expresan con palabras su descontento, y entonces, si no es verdad, ¿en dónde está Dios y qué hace ante tanto dolor de los miserables, minusválidos, tontos, indefensos y ante tanta injusticia humana y social?

Tenemos que aceptar como principio fundamental y por la fe, que tampoco es de todos ni para todos, que Dios es perfecto y en él no hay error ni sombra de variación alguna y que en esa sabiduría también dejó leyes y principios como este: «…todo lo que el hombre sembrare, eso también segará» (Gál.6:7); .«…El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará (2Co.9:6); dando es como recibimos: «Dad, y se os dará…» (Lc.6:38); «…dad a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios» (Lc.20:25); «bienaventurado el que piensa en el pobre; en el día malo lo librará Jehová» (Sal.41:1); «…hay quienes retienen más de lo que es justo, pero vienen a pobreza» (Pr.11:24); «Abominación son a Jehová las pesas falsas, y la balanza falsa no es buena (Pr.20:23). Qué agradable es recibir regalos y disfrutar de amigos; pero, ¿has dado antes un regalo? O, ¿será que te has mostrado antes amigo? Creemos ser merecedores sin antes dar; pero ahora vienen lo más maravilloso: las luchas y frustraciones nos llevarán a valorar algo más grande y eso es lo espiritual, para que al llegar a entender que nada material de este mundo tiene el valor de lo que Dios sí pudo dar, que fue su vida misma ofrecida a través de Jesucristo, y así llegaremos a menospreciar todo lo material –aun nuestra propia vida– y en esa verdadera realidad entregarlo todo para alcanzar lo eterno, la vida en Dios por siempre y para siempre. Entonces, en nuestra vida actual todo lo material será una mera prueba en la elección de la verdad absoluta y eterna. Entonces, y pensándolo bien, todas estas adversidades más bien son una ayuda de Dios para sus escogidos, ya que esto nos facilitará el alcance de nuestra meta que es la salvación de nuestra alma: «esta leve tribulación momentánea…» (2Co.4:17); «…el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna» (Gá.6:8). Entonces, ya no más protestas ni frustraciones; sigamos adelante hacia la meta eterna sin mirar atrás.

Emitida en Guatemala el 28 de marzo de 2010

Dios tarda, pero vendrá

Publicadas por Byron Israel Quiroa Pinto

La maldad ha existido. Dios deja que los seres que él creó valoren y hagan lo mejor, según el entendimiento, la gratitud y el amor al Creador. En el cielo se vio la rebelión del querubín protector, que —no conforme—quiso ser igual a Dios, por lo que perdió la comunión y la gloria. Fuera del cielo vino a la Tierra como enemigo, para engañar y destruir la obra que se daría con Adán y Eva, a quienes ofreció la sabiduría para ser como Dios. Esto los llevó a la expulsión del huerto, la pérdida de vida y la comunión. El mundo con el maligno continuó la destrucción, tal como lo mostró Caín al matar a su hermano. Asimismo, los hijos de los hombres eran gigantes de renombre; pero malignos, al grado que Dios envió un diluvio para exterminarlos, salvándose Noé y su familia, por ser justo, obediente y temeroso.
Otro ejemplo de la ira de Dios por la maldad se vio con los habitantes de Sodoma y Gomorra. Por su corrupción y maldad fueron destruidos con fuego y azufre, pero se salvó el justo y piadoso Lot y sus hijas. En la época de Jesucristo, el maligno buscó destruir al Salvador y autor de la vida. Veamos: «…los judíos perseguían a Jesús, y procuraban matarle…» (Jn.5:16). Según Mateo, esto se intensificó: «Y los principales sacerdotes y los ancianos y todo el concilio, buscaban falso testimonio contra Jesús, para entregarle a la muerte» (Mt.26:59). La iglesia que tiene a Dios, también tiene al enemigo. Santiago nos dice: «¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros? ¿No es de vuestras pasiones, las cuales combaten en vuestros miembros? Codiciáis, y no tenéis; matáis y ardéis de envidia, y no podéis alcanzar; combatías y lucháis, pero no tenéis lo que deseáis, porque no pedís. Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites» (4:1). Habla de pasiones, que Pedro nos amplía así: «…os ruego… que os abstengáis de los deseos carnales que batallan contra el alma» (1P2:11). Se menciona la codicia, la envidia. Luego nos dice: «¡Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios?...» (Stg.4:4). No olvidemos que éramos hijos de ira, y siendo enemigos, Cristo nos ha reconciliado para que andemos como de día, honestamente; no en glotonerías y borracheras, no en lujurias y lascivias, no en contiendas y envidia, sino vestidos del Señor Jesucristo, y no proveyendo para los deseos de la carne (Ro.13:13-14).
El Señor advierte a su iglesia que vendrá, no se tarda… no quiere que perezcamos sino que nos arrepintamos para ser libres del fuego... (2P3:9). Si vivimos en santidad y piedad, esperando cielos nuevos y tierra nueva en los cuales mora la justicia; hermanos, sigamos la paz con todos y la santidad para ver al Señor.
Señor ayúdanos a creer en tu amor y en tus juicios para ser salvos de esta generación y de la destrucción que viene para los que no te creen y gozan del mundo que pasará…

Ocupaos de vuestra salvación

Publicadas por Byron Israel Quiroa Pinto

En una generación donde predomina el pensamiento existencialista y materialista, no es de extrañar el poco o casi nulo interés que las personas le ponen al maravilloso propósito de la muerte de Jesús en la cruz del calvario, que es la salvación eterna de todo aquel que en él cree. Dice la palabra de Dios: «…ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor» (Fil.2:12). Note que la expresión «ocupaos» viene de una raíz griega que da a entender de forma enfática: trabajar, producir, llevar a cabo intensivamente una vida acorde a mi esperanza de salvación. Esto quiere decir que todo aquel que valora o ama esta salvación se purifica a sí mismo, pues tiene conciencia de que todo lo que hace está en estrecha relación con su salvación, para que se cumpla lo dicho por el Señor Jesús: «Así alumbre vuestra luz (salvación) delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos» (Mt. 5:15-16).
No debemos hacer obras para alcanzar la salvación, sino que éstas son la expresión espontánea de gratitud ante la conciencia de ser objetos de semejante gracia. Dice su palabra: «…Muestre por la buena conducta sus obras en sabia mansedumbre» (Stg.3:13). Entendamos que la salvación no es por obras, sino por fe; pero la fe que salva nunca va sola. Tengamos cuidado para que no se cumpla en nosotros la advertencia bíblica que dice: «¿cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande?...» (He.2:3).
La negligencia y actitud indiferente de la actual sociedad en relación a este tema es una evidencia de la falta de conciencia que hay sobre las terribles consecuencias de la condenación. Les invitamos a pensar en las palabras del Señor Jesús cuando dijo: «…Os digo que no sé de dónde sois; apartaos de mí todos vosotros, hacedores de maldad. Allí será el lloro y el crujir de dientes, cuando veáis a Abraham, a Isaac, a Jacob y a todos los profetas en el Reino de Dios, y vosotros estéis excluidos» (Lc.13:27-28). Queda claro que el diablo nuevamente ha logrado engañar al hombre, motivándolo a preferir lo malo ante lo bueno, la muerte ante la vida y la condenación ante la salvación. Salta a mi mente la experiencia de la generación antediluviana, que a pesar de la prédica que continuamente hacía el profeta Noé, todos perecieron en el diluvio. Estimado lector: ¿le preocupa su salvación?, ¿y qué tanto se ocupa de ella? Que Dios nos ayude. Amén.

Publicado el 15/11/2009