Esta reflexión no es para elocuentes ni doctos; pensamos en los necesitados de leche. Jesús dijo: «…yo te alabo, oh Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y entendidos, y las has revelado a los niños…» (Lc.10:21). Esperamos que sea útil a los que creemos en el que dijo: «Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí» (Jn.5:39); el testimonio que da sabiduría al sencillo. Escribimos a los creyentes en las leyes que convierten el alma y nos sacan de las esclavitudes del alma; a aquellos que como nosotros seguimos teniendo una carne débil, por la que somos asediados por el maligno y probados en nuestra fidelidad a Dios. Tal como ocurrió con el pueblo de Israel al ser liberado de Egipto y llevado al desierto para ver qué tenían en su corazón. Ahí se evidenció que muchos no agradaron a Dios y quedaron postrados por codiciar carne y menospreciar el maná del cielo. De la misma manera hoy muchos «llamados» caen en tentación y lazo por amar las riquezas, como dice en 1 Ti. 6:9. Pero hay esperanza y seremos dichosos si soportamos la tentación y recibiremos la corona de la vida por amar a Dios (Stg.1:12), pues «sabe el Señor librar de tentación a los piadosos, y reservar a los injustos para ser castigados en el día del juicio» (2P.2:9).
La prueba del amor a Dios está desde el llamado: –¿quieres venir? –niégate, toma tu cruz cada día y sígueme; –golpea tu cuerpo y ponlo al servicio de la obra. Para ello necesitamos el Espíritu de Cristo. Imitemos a Cristo: «completad mi gozo, sintiendo lo mismo, teniendo el mismo amor, unánimes, sintiendo una misma cosa. Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo, no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros» (Fi.2:2-4).
Pablo dijo: «…el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz» (Ro.8:6). Pidamos a Dios sembrar para el Espíritu, anulando así los deseos de la carne y las glorias vanas del mundo. Si conocemos a Dios y valoramos la obra de Cristo y su Palabra, estaremos esperando su venida para resurrección o transformación del cuerpo. Que Dios nos ayude en la prueba y nos libre de las tentaciones.
Emitido el 8/11/2009
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