La iglesia estimula con la Palabra y el testimonio, si llegamos con necesidad al cambio, dejando vanidades, afanes, egoísmo y violencia. Si buscamos el reino de Dios y su justicia encontramos la paz, la fe y la esperanza, y esto debe de movernos a la gratitud a Dios. ¿Cómo pagar esta gracia? Pablo nos dice «No debáis a nadie nada, sino el amaros los unos a los otros» (Ro.13:8). En Jesús vimos los milagros cuando anunciaba el evangelio a los pobres; esto lo practicaron los discípulos. Pablo dijo a los de Galacia que no se olvidaran de los pobres, y Santiago nos recuerda: «¿No ha elegido Dios a los pobres de este mundo, para que sean ricos en fe y herederos del reino que ha prometido a los que le aman?» (Stg.2:5)
La pobreza en el mundo es grande, los estadistas están alarmados porque sus planes, inversiones y su ciencia no frenan la desnutrición, las enfermedades ni la muerte que son el efecto de la pobreza. La tierra está cansada, los recursos se pierden por el amor al dinero y el menosprecio a Dios. A esto se suma el cierre de empresas, con el desempleo, la vagancia y sus añadiduras de violencia y corrupción.
Lo anterior mueve a las familias a dejar el campo y emigrar, con la consecuente desintegración, donde los hijos se quedan sin la guianza, instrucción y corrección que debe practicarse en los hogares; esa separación de la pareja puede ser más grave si no existe el temor a Dios.
¿Qué hace la Iglesia, llamada a cambiar y ser instrumento para llevar el cambio integral en pobres y ricos? Los ricos se asocian, los recursos productivos se pierden, por el amor al dinero y menosprecio al Creador. Según el evangelio, debemos funcionar como un cuerpo concertado, bien unido, ayudándonos para edificarnos en amor, el amor que es benigno. Pidámosle a Dios entender este privilegio y con Espíritu de Cristo, cambiar nuestros pensamientos y sentimientos personales y terrenales, como muestra de que amamos al que nos amó cuando éramos pobres en espíritu y nos enseñó a servir.
Es crítica la condición de pobreza en el mundo y en la iglesia; pero la Palabra afirma que si amamos a Dios esto será para el bien de nuestras almas; sólo nos queda rogar a Dios con fe vivir esta Palabra. «deseo que tú seas prosperado en todas las cosas y que tengas salud, así como prospera tu alma» (3Jn.1:2) Busquemos la ayuda de Dios, practicando los ministerios y dones de la iglesia, impartiendo la sana doctrina acompañada del testimonio y la fe, mostrando el amor, ayudándonos, compartiendo la Palabra y el servicio con los que tienen menos, llevando lo que hemos recibido de Dios a las comunidades marginadas, y qué mejor si podemos convivir con ellos para que se hagan ricos en fe, que tengan salud y que prosperen en todo como prosperan las almas que Dios alimenta. Que Dios nos ayude a negarnos y cumplir el evangelio donde se vea el amor que no busca lo suyo, sino el bien de los demás.
Publicado el 18/10/2009
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