viernes, 20 de febrero de 2009

Formados por Dios

¿No es mi palabra como fuego, dice Jehová, y como martillo que quebranta la piedra? (Jer.23:29).
Uno de los problemas más preocupantes que enfrentamos en la actualidad relacionado con el cristianismo es el hecho de que el hombre ha ocupado el lugar de Dios, y se lo explico de esta manera: Dios dice que él es como fuego y martillo que quebranta la piedra. En otras palabras, es Dios quien da forma a cada vida y lo hace por medio de las pruebas y el camino que le tiene trazado a cada uno. Es maravilloso, porque él sabe «quemarlo» a uno, sabe hasta dónde hacerlo, por eso decía que íbamos a ser bautizados con Espíritu Santo y fuego.
Como alguien que da martillazos, él bien sabe dónde darlos para no arruinar las piedras sino darles la forma que quiere que tengan. Dios asimismo se hace llamar el alfarero. Quiere decir que es el único que puede hacer de nosotros vasos de barro, algunos para honra y otros para deshonra, por su decisión. Precisamente eso es lo que significa que Dios sea nuestro formador. En otras palabras, nuestra vida está en sus manos y donde quiere trabajar, trabaja, y donde quiere hacer las cosas, las hace. Pero ¿qué está pasando en nuestros días? En una actitud arrogante, el hombre en su soberbia ha tomado el papel de Dios y se ha convertido en el formador. La pregunta es: ¿a cuenta de qué? Dios dejó al hombre para que nos edifiquemos, especialmente a sus siervos para edificación de la iglesia. Edificar es un aporte que uno hace en la vida de los demás; pero no es la esencia en la vida de ellos.
Sin embargo, vea usted a los hombres, con sus doctrinas tajantemente radicales de dudosa y vanagloriosa procedencia, basados en las cuales pretenden estar autorizados para ser martillo y fuego. ¡Imagine ambas cosas en manos de hombres!, ¡fatal! Por eso estamos como estamos, con iglesias mundanales e idolátricas –adorando a pastores, profetas, líderes, etc.–, llenas de errores porque Dios no está edificando la casa. Por eso la invitación que Dios nos hace es que nos hallemos con él y no con «la religión», así que pidámosle a Dios que él sea nuestro formador y no los hombres.
Publicado en Prensa Libre 15/02/2009

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