¿No es mi palabra como fuego,
dice Jehová, y como martillo que quebranta la piedra? (Jer.23:29).
Uno de los problemas más
preocupantes que enfrentamos en la actualidad relacionado con el cristianismo
es el hecho de que el hombre ha ocupado el lugar de Dios, y se lo explico de
esta manera: Dios dice que él es como fuego y martillo que quebranta la piedra.
En otras palabras, es Dios quien da forma a cada vida y lo hace por medio de
las pruebas y el camino que le tiene trazado a cada uno. Es maravilloso, porque
él sabe «quemarlo» a uno, sabe hasta dónde hacerlo, por eso decía que íbamos a
ser bautizados con Espíritu Santo y fuego.
Como alguien que da martillazos,
él bien sabe dónde darlos para no arruinar las piedras sino darles la forma que
quiere que tengan. Dios asimismo se hace llamar el alfarero. Quiere decir que
es el único que puede hacer de nosotros vasos de barro, algunos para honra y
otros para deshonra, por su decisión. Precisamente eso es lo que significa que
Dios sea nuestro formador. En otras palabras, nuestra vida está en sus manos y
donde quiere trabajar, trabaja, y donde quiere hacer las cosas, las hace. Pero
¿qué está pasando en nuestros días? En una actitud arrogante, el hombre en su
soberbia ha tomado el papel de Dios y se ha convertido en el formador. La
pregunta es: ¿a cuenta de qué? Dios dejó al hombre para que nos edifiquemos,
especialmente a sus siervos para edificación de la iglesia. Edificar es un
aporte que uno hace en la vida de los demás; pero no es la esencia en la vida
de ellos.
Sin embargo, vea usted a los
hombres, con sus doctrinas tajantemente radicales de dudosa y vanagloriosa
procedencia, basados en las cuales pretenden estar autorizados para ser
martillo y fuego. ¡Imagine ambas cosas en manos de hombres!, ¡fatal! Por eso
estamos como estamos, con iglesias mundanales e idolátricas –adorando a
pastores, profetas, líderes, etc.–, llenas de errores porque Dios no está
edificando la casa. Por eso la invitación que Dios nos hace es que nos hallemos
con él y no con «la religión», así que pidámosle a Dios que él sea nuestro
formador y no los hombres.
Publicado en Prensa Libre 15/02/2009
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