¿A quién se enseñará ciencia, o a quién se hará entender doctrina? ¿A los destetados? ¿A los arrancados de los pechos? Porque mandamiento tras mandamiento, mandato sobre mandato, renglón tras renglón, línea sobre línea, un poquito allí, otro poquito allá;… hasta que vayan y caigan de espaldas, y sean quebrantados, enlazados y presos (Is.28:9-10,13).
¿Entiende usted esta ironía? Los más grandes estudiosos de las cosas de Dios en la época de Isaías, con todo y su entendimiento y sus conclusiones sumamente analíticas, humanas y religiosas, fueron sorprendidos por la voz de Dios, pues él les dijo que no les iba a enseñar la doctrina, sino sólo a los niños, porque aquella gente se sentía tan orgullosa, vanidosa y había tomado un lugar por el conocimiento de una letra --no de Jehová-- que ni siquiera ellos entendieron. ¿No cree que lo mismo está pasando hoy? Uno se d cuenta que mucha gente habla acerca de que «Dios les mostró…», de grandes estudios bíblicos que se anuncian, que nos han codificado la Biblia con su exégesis humana --no divina--; pero la Palabra de Dios siempre será para los niños, para aquellos que todavía no saben entender las cosas de este mundo, sino que con su fe pura pueden interpretar bien que Dios tiene un poquito por aquí, un poquito por allá, y no como ellos pretenden: renglón tras renglón y línea tras línea.
La existencia en la actualidad de muchas corrientes doctrinales cristianas, tantas congregaciones con sus propias doctrinas, es una muestra de que Dios está confundiendo el lenguaje de la interpretación humana de la Biblia, hasta que todos vayan y caigan de espaldas y sean quebrantados, enlazados y presos… Sólo juzgue usted: los hombres pretenden tantas doctrinas que ni ellos mismos pueden explicar y le dicen a uno que uno debe creerlo «por la fe». ¡Bonita manera de ser irresponsable! Si usted pretende explicar la Biblia humanamente, pues que Dios le ayude; pero sepa una cosa: la doctrina de Cristo es cosa de niños.
¿Entiende usted esta ironía? Los más grandes estudiosos de las cosas de Dios en la época de Isaías, con todo y su entendimiento y sus conclusiones sumamente analíticas, humanas y religiosas, fueron sorprendidos por la voz de Dios, pues él les dijo que no les iba a enseñar la doctrina, sino sólo a los niños, porque aquella gente se sentía tan orgullosa, vanidosa y había tomado un lugar por el conocimiento de una letra --no de Jehová-- que ni siquiera ellos entendieron. ¿No cree que lo mismo está pasando hoy? Uno se d cuenta que mucha gente habla acerca de que «Dios les mostró…», de grandes estudios bíblicos que se anuncian, que nos han codificado la Biblia con su exégesis humana --no divina--; pero la Palabra de Dios siempre será para los niños, para aquellos que todavía no saben entender las cosas de este mundo, sino que con su fe pura pueden interpretar bien que Dios tiene un poquito por aquí, un poquito por allá, y no como ellos pretenden: renglón tras renglón y línea tras línea.
La existencia en la actualidad de muchas corrientes doctrinales cristianas, tantas congregaciones con sus propias doctrinas, es una muestra de que Dios está confundiendo el lenguaje de la interpretación humana de la Biblia, hasta que todos vayan y caigan de espaldas y sean quebrantados, enlazados y presos… Sólo juzgue usted: los hombres pretenden tantas doctrinas que ni ellos mismos pueden explicar y le dicen a uno que uno debe creerlo «por la fe». ¡Bonita manera de ser irresponsable! Si usted pretende explicar la Biblia humanamente, pues que Dios le ayude; pero sepa una cosa: la doctrina de Cristo es cosa de niños.
Publicado en Prensa Libre el 25 de enero del 2009
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