jueves, 4 de diciembre de 2008

Religión y Dios


La vinculación entre Dios y religión es un hecho de enormes características porque se supone que esto último nos lleva hacia Dios. También se nos ha hecho creer que los que están inmersos en la religión son los que más saben de Dios, por sus estudios, su vida sacrificada y entregada a una noble labor. De hecho que la religión ha tomado el papel de «puerta al cielo»; en otras palabras, el que no se vuelve religioso no puede hallar a Dios, el que no lo hace a través de una iglesia está perdido. Sin embargo, todas esas son cosas alejadas de la verdad y aunque no se prediquen con la boca se sobreentiende, cuando ya se forma parte de un grupo religioso, éstos tratan de adueñarse de los sentimientos y pensamientos de uno, «para ofrecérselos a Dios». Aparte de ello, la gente religiosa cree que sus argumentaciones teológicas son inspiradas por Dios, las cuales no tienen ningún error, son perfectas; y he ahí el hecho de competencia en ideas religiosas entre una organización y otra.
Pero un hecho trascendental en nuestra vida es el poder entender que es Dios quien busca al hombre y no el hombre una religión. Por supuesto que usted puede buscar una religión, pero eso no es buscar a Dios. Cuando Dios busca al hombre él nos ubica, encontrando su voluntad de Dios. En ello ya no hay una imposición de ideas sino simple y sencillamente un entendimiento.
Nuestro Señor Jesucristo al hablar de las Escrituras, decía que ellas dan testimonio de él. Esto quiere decir que leyendo su Palabra se encuentra el testimonio de muchas personas a quienes Dios se les ha manifestado y que dichas características deben estar presentes en nuestra vida, si es que somos escogidos de Dios. De hecho que muchas personas tienen las características de la interpretación de sus líderes religiosos. ¡No se equivoque!, busque usted en las Escrituras el testimonio de aquellos que Dios ha escogido y veamos si nuestro testimonio se parece al de ellos. Que Dios nos ayude a encontrarnos realmente con él. Es Dios quien toca a la puerta de nuestro corazón. Si alguno oye su voz y abre la puerta, él entrará a él. ¡Que Dios nos bendiga!

Publicado en Prensa Libre el 4/12/2008

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