Generalmente cuando hablamos de Dios decimos que él lo es todo, es soberano, habita en el cielo, es bueno y es amor. Todas estas ideas extraídas de la Biblia son verdad. El problema no es comprobar cada uno de estos atributos, sino cómo puedo relacionarlos en mi vida.
La Palabra de Dios explica que el hombre se caracteriza por tener comezón de oír, por eso usted mira cómo la gente llega a escuchar las ideas de un hombre y las aplaude. Todas ellas pueden ser verdades; yo también puedo decir que Dios es bueno; pero ello sólo es un decir y es sencillamente una verdad que incluso puede no tener mayor trascendencia en mi vida ni en la de los que me rodean.
El evangelio de nuestros días sufre precisamente de ese mal. El hombre no se ubica y por eso no es ni frío ni caliente. Las prédicas sólo dicen lo que algunos piensan, lo que la Biblia dice, y al final que cada quien saque sus conclusiones.
La idea Dios en el hombre es cultural y religiosa, porque el hombre ubica a Dios dentro de su rol. Dios viene a formar parte del hombre –en otras palabras– el hombre ha acomodado a Dios dentro de sí mismo y ese es el origen de muchas de esas sectas que hoy en día proliferan por todas partes del mundo.
La idea Dios en el hombre es cultural y religiosa, porque el hombre ubica a Dios dentro de su rol. Dios viene a formar parte del hombre –en otras palabras– el hombre ha acomodado a Dios dentro de sí mismo y ese es el origen de muchas de esas sectas que hoy en día proliferan por todas partes del mundo.
Las palabras dichas por Satanás a Eva en la tentación se cumplieron fielmente: «…sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal» (Gn.3:5). Realmente el diablo logró su cometido: abriendo los ojos del hombre y por ello vivimos creyéndonos ser como Dios, expertos en juzgar lo bueno y lo malo. El hombre es totalmente dueño de su vida y sólo le ha otorgado una pequeña parte a Dios. Ahí es donde está la diferencia entre lo que Dios quiere hacer en nosotros y lo que nosotros queremos de Dios.
Que Dios se manifieste en su vida y le muestre cómo usted puede caerle bien a él y no cómo él le va a agradar a usted; eso Dios lo hará a través de su Espíritu. Ojalá usted reciba el milagro de la transformación de su vida para estar plenamente en la voluntad de él y comprender así el significado del nuevo nacimiento, lo cual no es un acto religioso, sino una bondad de Dios. Que Dios nos haga aptos para pertenecer al cuerpo de Jesucristo. ¡Que Dios le bendiga!
Extraido de Prensa Libre el 02/11/08
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