Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas (2Ti.4:3-4).
Sin lugar a dudas el cumplimiento de esta profecía es realmente impresionante, porque si usted quiere buscar a Dios de corazón logrará percibir o entender que el mensaje dado por la mayoría de predicadores llena perfectamente la medida de quienes no quieren sufrir la sana doctrina.
Hoy abundan las prédicas que –aunque hablan de Cristo– enfocan más un mensaje de tolerancia a sus propios males, y el gran peligro es que eso aparta de la verdad a quienes los oyen.
A los discursos bíblicos dados por hombres en la actualidad se les quiere dar la categoría de palabra de Dios, lo cual más pareciera un enorme atrevimiento. El simple hecho de que alguien llegue a una capilla, tome un micrófono y se pare detrás de un púlpito, no significa que hable palabra de Dios. Juzgue usted si ese razonamiento es correcto o no. Imagínese que alguien estudie la Biblia por 20 años, ¿sólo por sus estudios y buenas notas ya tiene la palabra de Dios? Asimismo, el hecho de que alguien diga que recibió revelación para ir a predicar, ¿ya por ello tiene la palabra de Dios? Ese es el gran problema. En cumplimiento de la profecía, la mayoría de predicadores acomodan sus mensajes a su inteligencia y concupiscencia, y como efecto apartan de la verdad el oído y vuelven a la gente creyente, pero de ideas terrenales y materiales. David –el hombre conforme al corazón de Dios– halló algo muy especial y es que la fe lo llevó a invocar a un Dios que puede crear un corazón limpio y renovar un espíritu recto dentro de uno.
Lógicamente, la prédica de ningún hombre puede mover a nadie a ser recto ni íntegro, ni a tener un espíritu noble dentro de sí mismo. Estas son cosas que no pueden dar las iglesias ni las prédicas, ni las oraciones de nadie, sino es el verdadero regalo de Dios cuando uno se encuentra con él. Estamos en estos días finales proféticos y la recomendación del Señor mismo es: sé sobrio en todo. Que Dios nos ayude a no perder ese espíritu. Que Dios le bendiga.
Artículo tomado de Prensa Libre Guatemala el 19/10/2008
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