En nuestros días es común recibir invitaciones para ir a un templo a oír el mensaje de los «modernos Cristos»; pero oyendo las recomendaciones del mismo Cristo sin ser fatalistas, llegamos a la conclusión de que es difícil hallar el mensaje verdadero.
El siguiente pasaje nos demuestra tal aseveración: …si alguno os dijere: Mirad, aquí está el Cristo, o mirad, allí está, no le creáis. Porque se levantarán falsos Cristos, y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si fuere posible, aun a los escogidos… así que, si os dijeren; Mirad, está en el desierto, no salgáis; o mirad, está en los aposentos, no lo creáis… Porque dondequiera que estuviere el cuerpo muerto, allí se juntarán las águilas (Mt.24: 23-24, 26, 28).
Vea usted cómo él mismo recomendaba que mirásemos bien y no creyéramos aunque hubiera grandes señales y prodigios. La pena más grande del Señor Jesucristo eran sus escogidos, que también iban a ser afectados; a tal grado que dice: si fuere posible aun ellos serían engañados; pero ¡gracias a Dios! que él cuida de sus auténticos hijos y no deja que el engaño se perfeccione y produzca sus nefastos efectos.
En el tiempo que fueron dadas estas palabras bíblicas, quienes se dedicaban a predicar lo hacían en el desierto o en los aposentos, tratando de imitar a Jesucristo. Ahora han cambiado un poco las cosas, pues hoy se utilizan grandes templos, capillas, estadios, gimnasios, etc., reuniones a las cuales nosotros mismos podemos ser invitados; pero que se hable de Cristo no quiere decir que esa sea la verdad.
La religión trata de mostrar una estructura engañosa a la gente, de bendiciones y de que ellos reciben el dictado de Dios en cuanto a su voluntad en estos días, y la preocupación del Señor Jesucristo era que con las señales y prodigios engañosos que aparentemente bendicen a la gente, triunfaría el engaño; pero él mismo nos dio una manera de poder identificar la falsedad de alguien, al llamarle: «águila».Estas aves de rapiña son las que andan tras la carne de los animales muertos. Cristo, advirtiendo acerca de ellos, dijo que donde estuviera el cuerpo muerto, hablando espiritualmente, ahí se juntarían las águilas. En otras palabras, una de las señales de que una congregación no sea de Dios es la presencia de estas águilas que devoran el cuerpo espiritualmente muerto de los que ahí asisten.
Devoran las cosas materiales –para quedarse con ellas– de aquellos que nunca dan señales de tener una vida cerca de Dios. Cristo es vida y hay un pastor vivo, un cuerpo vivo, una iglesia viva, que Dios sabe que por ahí están. ¡Que Dios nos ayude!
Publicado en Prensa Libre el 26/10/2008
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