No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir (Mt.5:17). Jesucristo dijo estas palabras, las cuales muestran su forma de pensar y entender la vida; pero en la actualidad las mismas palabras son interpretadas de una manera diferente, por la mente religiosa que ha tomado la gracia como el punto más importante para ya no cumplir con la voluntad de Dios. De hecho que para la mayoría la gracia es la permisibilidad para que lo malo sea aceptado como parte de la misma salvación. En realidad, la venida del Señor Jesucristo se caracterizó en el hecho de que amar a Dios significa cumplir sus mandamientos.
Contrario a la interpretación divina, ahora amar a Dios –para muchos- es cumplir con las demandas religiosas, con asistir a los días de culto a un templo y participar de su liturgia.
Si me amáis, guardad mis mandamientos (Jn.14:15). Esta es la nueva justicia para poder entrar en la voluntad de Dios. Dios no me manda a cumplir los mandamientos, sino a amarle a él. Quiere decir, que hay muchos que se esfuerzan en cumplir algunos mandamientos para darse una imagen como la que tenían los fariseos –de buenos, de mejores, etc.– y realmente este es el engaño de la religión. Cumplir ciertas normas o leyes y presentarse así como sin mancha en este mundo, y esa es la verdad que muchos no quieren que se diga, porque esto es el engaño, pues el hombre pone una porción pequeña de leyes y se dedica a cumplirlas y se presenta así como un hijo de Dios. La verdad es que las iglesias debieran estar enseñando a amar al Señor sobre todas las cosas.
Alguien preguntaba: ¿dónde está la verdadera iglesia? Pues ésta no está donde el hombre es grande ni donde hay mandamientos que posiblemente se cumplen o donde hay una justicia en beneficio de la imagen del hombre, sino en aquel lugar donde se enseña a amar a Dios. Esto no es con palabras, y como dice el Señor: cualquiera que lo haga será llamado grande en el reino de los cielos.
Contrario a la interpretación divina, ahora amar a Dios –para muchos- es cumplir con las demandas religiosas, con asistir a los días de culto a un templo y participar de su liturgia.
Si me amáis, guardad mis mandamientos (Jn.14:15). Esta es la nueva justicia para poder entrar en la voluntad de Dios. Dios no me manda a cumplir los mandamientos, sino a amarle a él. Quiere decir, que hay muchos que se esfuerzan en cumplir algunos mandamientos para darse una imagen como la que tenían los fariseos –de buenos, de mejores, etc.– y realmente este es el engaño de la religión. Cumplir ciertas normas o leyes y presentarse así como sin mancha en este mundo, y esa es la verdad que muchos no quieren que se diga, porque esto es el engaño, pues el hombre pone una porción pequeña de leyes y se dedica a cumplirlas y se presenta así como un hijo de Dios. La verdad es que las iglesias debieran estar enseñando a amar al Señor sobre todas las cosas.
Alguien preguntaba: ¿dónde está la verdadera iglesia? Pues ésta no está donde el hombre es grande ni donde hay mandamientos que posiblemente se cumplen o donde hay una justicia en beneficio de la imagen del hombre, sino en aquel lugar donde se enseña a amar a Dios. Esto no es con palabras, y como dice el Señor: cualquiera que lo haga será llamado grande en el reino de los cielos.
Tomado del Diario Prensa Libre (Guatemala) el 12-10-2008
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