lunes, 25 de agosto de 2008

Consejos para agradar a Jehová

  1. Cuando te sientes a comer con algún señor, Considera bien lo que está delante de ti,
  2. Y pon cuchillo a tu garganta, Si tienes gran apetito.
  3. No codicies sus manjares delicados, Porque es pan engañoso.
  4. No te afanes por hacerte rico; Sé prudente, y desiste.
  5. ¿Has de poner tus ojos en las riquezas, siendo ningunas? Porque se harán alas Como alas de águila, y volarán al cielo.
  6. No comas pan con el avaro, Ni codicies sus manjares;
  7. Porque cual es su pensamiento en su corazón, tal es él. Come y bebe, te dirá; Mas su corazón no está contigo.
  8. Vomitarás la parte que comiste, Y perderás tus suaves palabras.
  9. No hables a oídos del necio, Porque menospreciará la prudencia de tus razones.
  10. No traspases el lindero antiguo, Ni entres en la heredad de los huérfanos;
  11. Porque el defensor de ellos es el Fuerte, El cual juzgará la causa de ellos contra ti.
  12. Aplica tu corazón a la enseñanza, Y tus oídos a las palabras de sabiduría.
  13. No rehúses corregir al muchacho; Porque si lo castigas con vara, no morirá.
  14. Lo castigarás con vara, Y librarás su alma del Seol.
  15. Hijo mío, si tu corazón fuere sabio, También a mí se me alegrará el corazón;
  16. Mis entrañas también se alegrarán Cuando tus labios hablaren cosas rectas.
  17. No tenga tu corazón envidia de los pecadores, Antes persevera en el temor de Jehová todo el tiempo;
  18. Porque ciertamente hay fin, Y tu esperanza no será cortada.
  19. Oye, hijo mío, y sé sabio, Y endereza tu corazón al camino.
  20. No estés con los bebedores de vino, Ni con los comedores de carne;
  21. Porque el bebedor y el comilón empobrecerán, Y el sueño hará vestir vestidos rotos.
  22. Oye a tu padre, a aquel que te engendró; Y cuando tu madre envejeciere, no la menosprecies.
  23. Compra la verdad, y no la vendas; La sabiduría, la enseñanza y la inteligencia.
  24. Mucho se alegrará el padre del justo, Y el que engendra sabio se gozará con él.
  25. Alégrense tu padre y tu madre, Y gócese la que te dio a luz.
  26. Dame, hijo mío, tu corazón, Y miren tus ojos por mis caminos.
  27. Porque abismo profundo es la ramera, Y pozo angosto la extraña.
  28. También ella, como robador, acecha, Y multiplica entre los hombres los prevaricadores.

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