Tener un equilibrio en el éxito es algo por lo cual solo Dios nos puede ayudar, David un hombre conforme al corazón de Jehová que entendió el significado real de la alabanza y pudo con ello agradar al Altísimo, el salmista que dijo que “Es mejor estar un día delante de la presencia de Dios que estar mil fuera de ellos”. Lamentablemente al encontrarse David tranquilo ya como rey al darse cuenta que tenia dominado a sus enemigos al sentirse reconfortado con su prosperidad y bienestar cometió los mas grandes pecados, afortunadamente David pudo valorar y sopesar que era mejor, si andar detrás de sus propios deseos o seguir cultivando la amistad con el Dios vivo que el conocía y escogió lo último.
El hijo de David, Salomón tuvo mayor éxito que su padre ante este mundo, agrando su reino y fue muy sabio, a pesar que Dios le hablo el decidió seguir los placeres de este mundo, pero en libro de Eclesiastés, uno de los que escribió Salomón se manifiesta de forma magistral el fruto de esos caminos, existe un pesar y aflicción por las cosas terrenas en las cuales una puede llegar a tener mucho fruto como lo tuvo el, pero se da cuenta que no es lo mejor, la palabra recurrente en el libro es “Todo el vanidad y aflicción de espíritu”.
Dios nos da ejemplos a seguir, depende de nosotros que camino tomemos y la visión que tengamos, Salomón tuvo probablemente las dos cosas que nos pueden dar éxito en esta vida, muchos recursos económicos y una gran cantidad de conocimiento y vemos su final apartado de la comunión con un Dios vivo. David una persona que desde su juventud decidió conocer a ese Dios, el de sus padres, el que saco a Israel de Egipto y cual fue su resultado, agradar a Jehová dándole gracia para ser un adorador genuino. Estos frutos son tan grandes que de la descendencia de David nació el Hijo de Dios, Jesús, un hombre que fue perfecto en todos sus caminos
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